¿Qué significan los compromisos sobre cambio climático enviados por algunos países a Naciones Unidas?

A 31 de marzo, Estados Unidos ha comunicado a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático su propuesta de “contribuciones previstas determinadas a nivel nacional” (INDCs por sus siglas en inglés). Se trata de la propuesta que cada país o región declara que haría para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, bajo un acuerdo global. ¿Quién ha propuesto ya sus objetivos?: La Unión Europea, Suiza, Noruega, México, Gabón y Rusia. En total 7 propuestas que representan los objetivos de 34 países.

Esta manera de abordar las responsabilidades de cada parte en la lucha global por reducir las emisiones tiene un problema, y muy serio: el lenguaje legal de la negociación es muy vago a la hora de establecer un objetivo global de reducción. Los países acordaron ya en Copenhague en  2009 que el aumento global de la temperatura media de la Tierra no debía sobrepasar los dos grados, pero deja a cada parte de la negociación el compromiso. ¿Y qué pasa si lo que se propone no es suficiente para evitar el aumento de temperatura más peligroso? Esto es lo que hay ahora mismo encima de la mesa.

La Unión Europea, como era de esperar, ha trasladado sus objetivos del Paquete 2030 de clima y energía a la Convención, es decir, un 40% de reducción de emisiones para el 2030 respecto a 1990. Noruega, socio directo de la UE dispone el mismo objetivo, pero para un solo país. México anuncia un 22% para el 2030 respecto a los niveles de 2000, que podría aumentar si otros países anuncian compromisos similares, igual que hace Rusia (25% respecto a 1990 para el año 2030). Suiza, primer país en enviar su contribución, promete un 50% de reducción para el 2030, respecto a 1990.

Estados Unidos ha sido el último país en incorporarse con un anuncio de entre un 26 y un 28% de reducción… pero respecto a 2005. Es decir, el país con la peor huella de carbono histórica por persona se compromete a  casi nada si equiparamos la cifra a los niveles de 1990.

¿Qué significan estos números para el clima? Simplemente que no estamos en el buen camino. Y la propia arquitectura de negociación no deja margen para enderezar estas propuestas si resultan insuficientes, porque la cumbre de París está a la vuelta de la esquina.

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Simplemente, Naciones Unidas no tiene un plan B, ni tiempo para ejecutarlo. El acuerdo de Lima de 2014 deja hasta julio como límite para que el resto de los países anuncien su compromiso y faltan muchos grandes. Si tenemos en cuenta que el anuncio de Estados Unidos es una simple formalización del acuerdo alcanzado con China, y que muchos de los grandes emergentes como India seguirán la estrategia de México, podemos anticipar cuánto CO2 irá a la atmósfera y qué supone para el clima de acuerdo a los escenarios de emisiones previstos por el IPCC: entre 2.9 y 3.1 grados de aumento de temperatura. Cumpliendo las políticas actuales estamos encaminados a casi 4ºC, y sin ninguna actuación, superaríamos esa cifra. Si lo traducimos en toneladas de CO2, para 2050 habríamos emitido 50 gigatoneladas con estas INDCs, mientras que para tener posibilidades de contener el calentamiento por debajo de 2ºC nuestro presupuesto de carbono es de 25. Teniendo en cuenta que 2ºC es demasiado, y que es necesario apostar por un umbral de 1.5º, solo tendremos 18.

El panorama es pesimista y podemos anticipar que los gobiernos traicionarán al planeta Tierra con esta falta de ambición. Como siempre decimos, será la ciudadanía la que tendrá que tomar cartas en esto, si la vía institucional se empeña en no moverse: seremos nosotrxs los que instalemos la energía solar, que no aceptemos las doctrinas del consumo sin fin, y los que decidamos nuestro propio sistema de vivir.

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